HASTA MORIR
Amor, estoy descalza desnuda como el alma mía fresca como el mineral descubierto como el seno que amamanta al nacido como la tarde de mayo en que te conocí. Nuestra alcoba es vorágine de repente y tibia y dispuesta pone al descubierto mi existencia más entregada mi cuerpo fértil y enamorado. Poséeme despacio y en silencio apresúrate que la noche no aguarda piérdete en mis convexos en las sublimes cavidades de mi impaciencia alborozada. Puedo sentir tus huesos dilatarse, mi piel incendiarse tus labios arder concedidos al remolino lascivo y sublime de los deseos. No existirá otro cáliz frente al cual te poses a beber; ni otro pecho frente al cual mis sienes se dispongan a dormir. No existirá otro nombre frente al cual mi llama quiera ser eterna hasta morir.
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